Diario Electrónico de Mejillones

Fundado el 2 de noviembre del 2001

Las verdades que no se dicen...

Martes 26 de marzo de 2019

Cultura

Volver a la página principal

Equipo de "Los Viejos Estandartes" de Antofagasta encuentra valioso documento

Espectaculares hallazgos

confirman edad de Irene Morales

  Wilfredo Santoro Cerda 

Un equipo investigador de “Los Viejos Estandartes” de Antofagasta realizó tres importantes hallazgos que establecen fehacientemente la edad y apellido materno de Irene Morales. La legendaria cantinera de la Guerra del Pacífico tenía 30 años al inicio del conflicto y no 13, como lo señala la información más difundida.

El equipo fue encabezado por el presidente de la institución: Rodrigo Castillo Cameron y estuvo integrado por Ana Olivares Cepeda, investigadora del rol de la mujer en la Guerra del Pacífico y José Orellana Muñoz, difusor y custodio histórico en el Cementerio de Antofagasta.

El trabajo se inició cuando Castillo Cameron encontró una nota periodística que data del año 1896, donde se dan importantes antecedentes sobre Irene Morales. Mantendré la reserva con respecto a tal publicación por tratarse de una investigación personal de Castillo y porque la institución está trabajando en una reedición de tal documento. Dicha publicación entregó valiosas pistas que redundaron en otros descubrimientos.

Por lo tanto, el primer gran hallazgo de este equipo investigador fue esta publicación periodística del siglo XIX, que se titula “Esbozos militares”.

 

         Castillo dio a conocer esta antigua publicación a Ana Olivares, especialista de la institución en el tema y gestora del Día Nacional de la Cantinera, que se encuentra muy avanzada en su trámite legislativo. Hacemos presente que Olivares también es Consejera Nacional de la Seremi de Cultura de Antofagasta.

         En el análisis del texto que realizaron Castillo con Olivares inmediatamente afloró el detalle que Irene –tras el fusilamiento de su segunda pareja en Antofagasta, en 1878- “…vino a Valparaíso a buscar una elegante plancha de mármol para colocar en su sepultura. Esta plancha ha sido una de las primeras de este material puestas en el Cementerio de Antofagasta”.

         De tener esas características, era muy probable que tal plancha aún existiese. Por lo tanto se convocó a un tercer socio: José Orellana, quien precisamente se desempeña en el camposanto local y es uno de los que más sabe sobre sepulturas de héroes de la guerra en Antofagasta.

         Orellana inició la búsqueda que rápidamente dio sus frutos. En el lugar más antiguo del Cementerio efectivamente se hallaba la placa y …oh sorpresa… no manifestaba un abandono centenario. Rezaba prosaicamente “Aquí yacen los restos de Santiago Pizarro muerto el 24 de sbre de 1878 a las 5 de la mañana a la edad de 25 años”.

ARRIBA: El equipo investigador de los "Viejos Estandartes" de Antofagasta que realizó el hallazgo. Aparecen desde la izquierda Ana Olivares Cepeda, Rodrigo Castillo Cameron y José Orellana Muñoz. ABAJO la placa.

         Ante este primer éxito, los investigadores sintieron que tal documento era altamente fidedigno, ante lo cual analizaron otros antecedentes que contenía. Otro párrafo manifestaba que Irene Morales “En Lima pasó al 4° de Línea” i allí, más tarde, contrajo matrimonio con el cabo 1° Alfredo Cisternas. Puso la bendición a esta pareja de guerreros el capellán Azolas, en enero de 1883”.

         Esta vez fue Ana la encargada de dar con el documento. En FamilySearch halló el certificado de matrimonio entre Alfredo Cisternas e Irene Morales oficiado en Lima el año 1883. Esta acta concuerda casi plenamente con la información de 1896. El nombre del novio, de la novia, la ciudad, el año, la calidad de viuda de Irene. La única diferencia es que el diario dice que fue en el mes de enero y el acta de matrimonio señala septiembre. Estadísticamente podemos señalar que tal diferencia es irrelevante.

Lo trascendente de este certificado de matrimonio es que incuestionablemente pertenece a la cantinera Irene Morales. Lo certifica el hecho que se trata de un documento chileno en la capital peruana, es decir, corresponde a un matrimonio entre chilenos que participan en la ocupación de Lima y no a residentes comunes y corrientes. Los nombres de los contrayentes coinciden plenamente con la publicación de 1896 como también el año. Y por último la novia tiene calidad de viuda. Son demasiados elementos documentales que hacen imposible que se trate de dos casamientos diferentes. Se trata nada menos que de la legendaria cantinera.

Y al quedar validado tal documento, obviamente quedan validados los antecedentes que contiene. Dice el documento de matrimonio que los padres de Irene se llaman José Doroteo Morales e Isabel Gala, que Irene nació en Santiago y que es viuda de “Juan Lucena”.

En base a estos nuevos antecedentes, queda acreditada la línea de investigación que ha hecho pública el estudioso peruano Jonatan Saona y que en Chile ha sido proyectada por Mauricio Pelayo González, quien se ha ganado un limpio prestigio en el tema de difusión histórica de la Guerra del Pacífico.

Saona siempre desconfió de la adolescencia de Irene. Más aún cuando Vicuña Mackenna publicó un artículo donde señalaba que ella en 1886 tenía “38 años”.  En base a tal información ubicó un certificado de defunción de FamilySearch donde aparece una Irene Morales fallecida el 25 de agosto de 1890 en el Hospital “San Borja” a la edad de “cuarenta y dos años”.

Certficado de defunción. Dice que Irene fallece a los 42 años.

Por simple aritmética dedujo que si tenía 42 años al morir en 1890, necesariamente debía haber nacido en 1848. Nuevamente en FamilySearch ubicó un acta que consigna el bautismo de una mujer el 22 de octubre de 1848, de nombre Irene del Carmen Morales Galaz. Sus padres fueron Doroteo Morales e Ysabel Galaz. Este certificado se contraponía notablemente a otro, correspondiente al año 1865 y que ha sido vastamente publicitado. Según el certificado de 1865 al momento de iniciarse la guerra Irene Morales habría tenido 13 años y ya había enviudado dos veces. Este elemento le otorgaba un elemento místico de mujer-niña.

 

Aún cuando la lógica de Saona era impecable, se sustentaba en solo dos puntos, uno de ellos muy subjetivo: la declaración de Vicuña Mackena diciendo que Irene tenía 38 años y la percepción respecto a una foto. De haber nacido en 1865 Irene debía tener 16 años pero en la fotografía parecía mayor. Este segundo elemento a pesar de ser razonable no tenía el peso suficiente, ya que hay personas y retratos cuya apariencia no se ajusta a la edad cronológica.

DEFINITIVO: IRENE MORALES NACIÓ EN 1848 

El descubrimiento de esta publicación develado por el equipo de “Los Viejos Estandartes” de Antofagasta entrega sustento documental a la teoría y los documentos que han hecho públicos Saona y Pelayo. Es decir, que Irene Morales tenía 30 años al comenzar la Guerra del Pacífico.

En primer lugar, la publicación de 1896 entrega el nombre del último marido de Irene Morales: Alfredo Cisternas; el año de boda: 1883 y el lugar: Lima, Perú. Esto permite acceder al certificado de matrimonio de FamilySearch que confirma la boda y entrega dos valiosos antecedentes: los nombres de los padres de Irene. Ellos son José Doroteo Morales e Isabel Gala. Tal documento confirma lo que señala el acta de bautismo del 22 de octubre de 1848 que exhibe Saona. Este dice que los padres de Irene son Doroteo Morales e Ysabel Galaz.

En segundo lugar, la valiosa publicación descubierta entrega la fecha de muerte de Irene: el 25 de agosto de 1890. El recinto y la ciudad donde acaece: Hospital San Borja de Santiago y la causa del deceso: pulmonía. A excepción de la causa -que dice “neumonía”- los detalles se repiten exactamente en el certificado de defunción de Family Search exhibido por Saona. Este certificado dice explícitamente que Irene tiene “cuarenta y dos años”.

Si a estas dos valiosas informaciones, que confirman los documentos que no habían recibido el debido reconocimiento general, agregamos los antecedentes que permitieron hallar la placa de Santiago Pizarro, evidentemente estamos ante un hallazgo que merece el debido reconocimiento.

“Cuando dimos con la placa… lloré. No pude evitar la emoción de hallarme ante ese sagrado objeto donde Irene Morales tantas veces lloró y tantas veces juró reparar. Cómo aquel sentimiento de amor y dolor la habría de llevar a ser protagonista de una guerra para luego hundirse en un injusto olvido. Es por eso que nosotros no sólo estamos contribuyendo a rescatar su memoria, sino la memoria de todas aquellas mujeres que participaron activamente en la conquista del Desierto de Atacama y que han sido tan injustamente olvidadas. Cuán grandes y cuán chilenas fueron las cantineras” concluye Ana Olivares.