Diario Electrónico de Mejillones

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Cultura

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¿Qué diablos está matando de cáncer a la Segunda Región?

Wilfredo Santoro Cerda

       El año pasado el Lucho Barrios mejillonino pasó a la otra dimensión. Como su homónimo era cantante. Tenía 55 años y un cáncer pulmonar lo apagó en menos de un año. Fue el primer habitante de esta comuna, entre dos, que grabó un disco de acetato, por allá por la década del 70.

Lucho Barrios -su nombre verdadero era Luis Barrio- tuvo una vida bastante particular. Siempre dedicada a la música a pesar que la música le fue bastante veleidosa. Le dio éxito en su juventud, cuando fue llevado a Santiago por Cecilia, “la incomparable”, como gran promesa de la música. Y después, cuando la promesa no prosperó, la música fue más bien su celda, en un eterno compartir con sus amigos más cercanos.

Todo esto le valió una despedida diferente. Lucho Barrios fue velado en vida, por decenas de amigos que se ubicaban en el umbral de su puerta e ingresaban al living, donde era atendido por su familia. Fue allí donde entre todos los asistentes se hizo un recuento de las muertes en Mejillones. Lápiz en mano y aprovechando que se conocía a todos, se revisaron las diez últimas muertes en la comuna. Ocho había sido ocasionadas por cáncer, el mismo mal que se llevó a los pocos días al amigo del living. El Lucho fue despedido por un verdadero festival de artistas locales que cantaron en el frontis de su casa, mientras el pueblo se agolpaba para despedir a su más querido artista.

LOS ETERNOS COMPLICES

Bien. Cada vez que se aborda el tema de la primera causa de muerte en la Segunda Región, aparece algún personaje comprometido con las empresas contaminantes solicitando seriedad y pidiendo prácticamente un doctorado de química o medicina a quienes se atrevan a insinuar que hay algo matándonos de cáncer.

Como desgraciadamente las autoridades suelen ser uno de los segmentos más comprometidos con las empresas contaminantes, la primera objeción que se le viene automáticamente a los labios cuando se les habla de contaminación es pedir los “informe científicos”. En Mejillones, antes que uno termine de enunciar la consulta ya los defensores de la contaminación están preguntando si “¿Ud. asistió a la última charla de apresto?”.

A ver. El manejo de informes científicos o asistencia a charlas como manifestación de seriedad es una ridiculez. Condicionar el tema de la contaminación a ciertas “pruebas” es una mera excusa para dar el favor a los intereses económicos. Es tan absurdo como si Ud. fuera al médico y éste le dijera “¿Por qué dice que está enfermo del estómago? ¿dónde están las pruebas científicas? ¿asistió Ud. el jueves pasado a la charla que dio la clínica sobre alimentación sana?”.

Lo verdaderamente serio es plantearse objetivamente ¿Por qué la gente se está muriendo de cáncer? ¿tenemos estadísticas? ¿puedo yo –como autoridad- acceder a los monitoreos de contaminación?

ESPECIALISTAS ¿PARA QUIENES TRABAJAN?

Cada vez que alguien solicita informes científicos a la gente para tomar en serio sus reclamos acerca de la contaminación, está actuando en forma discriminatoria y antidemocrática. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque en este tema hay tres estamentos: las empresas, que contaminan; las autoridades, que supuestamente supervigilan y la gente: que es la que se muere. Los especialistas están únicamente en los dos primeros estamentos: la industria y las autoridades. El tercer estrato no tiene.

Lamentablemente, la fiscalización que deben realizar las autoridades legalmente está muy sujeta a las industrias. En otras palabras, la Ley deja al gato al cuidado de la carnicería. El año 2.000 me tocó palpar de forma muy directa tal situación. En aquella ocasión asumió una dama un importante cargo de fiscalización ambiental. Vi la ceremonia en la televisión y exactamente al otro día, escuché los golpes en mi oficina de “jefe de prensa” radial. Al abrir vi con gran sorpresa a la dama en cuestión, con una carpeta en la mano.

UN PUNTO QUE NO ERA TAL

Le dije inmediatamente que sabía quien era y si podía darme una entrevista. “Yo no doy entrevista”, cortó rápidamente. Luego me preguntó que hacía yo allí. Le expliqué que era la oficina de la radio para la cual prestaba servicios. ¿Pero cómo?, se preguntó. Cuento corto. Según la información que ella llevaba en su carpeta, el contenedor donde yo me hallaba pertenecía a una empresa, la cual lo tenía consignada como “punto de monitoreo ambiental”. Posteriormente, llegó un personero local que le explicó que se habían hecho “algunos cambios”, que el contenedor ahora era una radio y que los equipos de monitoreo habían sido llevado a un vasto recinto bastante alejado del centro. Naturalmente donde estaba instalado en ese momento su capacidad de detección era sensiblemente menor.

Bueno, la cuestión es que la dama, profesionalmente muy celosa en su trabajo, no permaneció más de dos semanas en el cargo. Las autoridades informaron que ella misma había renunciado.

En otra ocasión, en una charla dada a la comunidad, una empresa mostró algunos gráficos de un sensor puesto en el centro de Mejillones por ellos mismos. Corría el año 1998. El gráfico en cuestión medía el comportamiento de óxidos de carbono en el curso de varios meses y los más relevante era que… consistía en una línea recta, con una pendiente hacia abajo en la medida que avanzaba el tiempo. No mostraba la más mínima variación. Una línea recta como trazada con una regla, que tendía a cero. ¿es posible eso?

UNA VERDAD DEL PORTE DE UN BUQUE

Bueno. Pero la causa específica del alto nivel del cáncer. Según la epidemióloga Catterina Ferreccio, investigadora del Departamento de Salud Pública de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la región tiene una prevalencia de cáncer cinco veces mayor a la nacional. Tales antecedentes los hizo públicos el lunes 28 de noviembre del 2005.

¿De qué forma se puede abordar esto? En primera instancia, al más puro estilo chileno, le estamos echando la culpa al pasado y a alguien que no está: Dos, Sendos, Essan, o, más específicamente, al agua potable que proveía la empresa estatal hace décadas.

¿Es el arsénico del pasado el único culpable de la alta mortalidad por cáncer? ¿cómo estamos ahora? Pero que lo mida y lo diga un organismo fiscalizador, no la publicidad de la misma empresa. ¿Qué pasa con las otras empresas contaminantes?

CANCER CON MENOS ARSENICO

La pregunta surge acá espontánea ¿Qué tan culpable fue el agua potable? Porque acá en Mejillones existe un importante sector que no consumió agua potable con arsénico desde 1906 a la década del 70. Ellos son los ferroviarios. El FCAB tenía una planta desaladora de agua y, más aún, una red propia de distribución de agua potable. Pero los ferroviarios también mueren de cáncer.

Por último, tenemos una cosa clara. Pase lo que pase, la industria contaminante seguirá allí. Así debe ser además. Lo que buscamos es minimizar el impacto que la contaminación produce sobre las personas. Y el impacto más grande es que esa gente se nos está muriendo de cáncer.

Vuelvo al caso del Lucho. Dos años antes de su lamentable y glorioso adiós, compartimos en su casa. En un lapsus, hablando de sus preocupaciones, se levantó la polera y mostró una especie de llaga que no le sanaba. Con otros amigos le dijimos que debía ir al Hospital. El respondió que ya había ido y el médico no le había dicho que era.

En mi caso personal, mi suegro también falleció de cáncer pulmonar. Dos años antes se había hecho un examen donde –en lenguaje médico- se planteaba la sospecha sobre la afección (eso lo supimos después que él falleció). El médico miró tal información y le respondió que “no tenía nada”. En otras palabras. Un alto número de las personas que mueren de cáncer han visto médico previamente y éste no ha sido capaz de detectar el mal y si lo ha hecho, no lo ha informado al paciente.

CONEJILLOS DE INDIAS

Y eso ocurre porque a Mejillones son destinados profesionales jóvenes, sin experiencia. Ellos vienen a esta comuna a “practicar”. Esto lleva implícito cometer errores, lo que le brindan experiencia, y cuando ya están afiatados los envían a especializarse, para prestar servicios en ciudades más afortunadas. Siempre hay un médico más experto, pero éste no es especialista en la detección precoz de cáncer.

¿Cuál sería la idea entonces? Precisamente combinar los planes de mitigación que legalmente deben tener las empresas con el sistema de salud, permitiendo que en un lugar con tanto contaminante como Mejillones –y que curiosamente tiene niveles altísimos de muertes por cáncer- disponga de un médico especialista que detecte precozmente esta enfermedad.

De haber sido adoptada previamente esta medida, tal aún te tendríamos cantando, Lucho!!!