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24 de marzo de
1870: "Cangalla" Méndez descubre Caracoles y cambia la historia del
Desierto de Atacama
Wilfredo Santoro Cerda
El primero de marzo de 1870 salió desde Mejillones una
expedición que habría de modificar para siempre el destino del Desierto
de Atacama. Salieron cinco hombres montados a mula para descubrir la
“comarca de plata”. Partió “Cangalla” Méndez y sus hombres para dar con
“Caracoles”.
El artífice de esta expedición fue José Díaz Gana,
minero proveniente de la zona central. El año 1869 se apersonó ante el
administrador de las Guaneras de Mejillones para proponerle una
alucinante empresa: buscar cobre.
El tal administrador
resultó ser un personaje más loco que el mismo Díaz Gana. Se trataba del
francés Arnoux Riviere. Se presentaba como “Barón de la Riviere” y tenía
historias a nivel mundial. Se batió a duelo en Estados Unidos luego de
ofrecer recompensa a la mujer capaz de resistírsele más de una hora.
Después arrancó con hija y esposa de un influyente abogado en Nueva York.
Era “rostro” de la farándula norteamericana.
GARABITO
Lo concreto es que se formó la sociedad entre el
chileno y el galo. Contrataron al más prestigioso cateador local: el
indio Garabito. Díaz Gana partió en compañía de su buscador estrella
tras el “rico rebosadero” de cobre prometido por el guía. Llegaron a las
proximidades de Sierra Gorda sin encontrar nada. Enojado Díaz Gana –con
víveres y agua casi agotados- ordenó la vuelta.

Es necesario estar en el lugar para sentir el peso de la
historia.
Garabito, muy afligido por la situación, rogó a su
patrón que continuara un par de días más y él le daría la ubicación de
algo más valioso. Dijo saber dónde se hallaba la fabulosa mina de plata
del indio Osorio. El yacimiento más mitológico de ese tiempo.
El empresario aceptó, pero quedaron sólo ellos
dos. Cuando regresaban, el guía Garabito se perdió. Indignado José Díaz
Gana tomó una piedra del suelo, pero ya calmado la guardó en la alforja.
Salieron en Antofagasta y no en Mejillones, como correspondía. Allí los
atendió un solitario cuidador que Vicuña Mackenna describió como “pobre
diablo”. Todo indica era Juan López.
Al retornar a Mejillones sacó el “guijarro”. El
laboratorista se lo pidió para hacer una prueba. Arrojó 800 marcos de
plata.

Así luce "La Placilla" de Caracoles hoy.
APARECE “CANGALLA”
Ante eso, José Díaz Gana conversó con el Barón.
“Necesitamos un cateador de plata” le dijo. También necesitaban permiso
para modificar el giro de su sociedad. Díaz Gana habló con un amigo
minero de Copiapó. Éste sacó desde la cárcel de Huasco al tristemente
célebre “Cangalla” Méndez. Se hallaba retenido por un engaño negociando
cobre.
El hecho concreto es que el primero de marzo de 1870 se
hallaban al interior de un galpón cinco hombres, 8 mulas gordas y
víveres para cerca de un mes. El jefe de expedición era Simón Saavedra,
persona de confianza de Díaz Gana. Segundo a bordo, José Ramón Méndez,
el “Cangalla”. A cargo de los mulares iba un señor de apellido Sagredo.
Completaban la nómina José Porras y Exequiel Reyes, labores varias.
El mencionado galpón era propiedad del Barón y se
hallaba junto a la Casa de la Intervención Chilena. Todo esto en “La
Caleta” de Mejillones, sector puerta de salida línea férrea, cancha de
guano Sochif.

SITIO DONDE SE HALLABA EL GALPÓN: La Casa de la
Intervención Chilena se hallaba al interior del cierre. A su lado estaba
la estructura mencionada. Desde allí subieron al "Mirador de Bresson",
que es el lugar desde donde se tomó la foto.
Desde allí salió la caravana para subir hasta la ex
Base Naval (actual “Mirador de Bresson”). Siguió hasta Cerro Gordo (zona
donde ahora se ubica el peaje), para luego internarse hacia los cerros.
Pasaron las semanas y no se veían resultados. El
desaliento ya empezaba a cundir entre los expedicionarios. Los víveres y
el agua se agotaban. La caravana había pasado la Cordillera de la Costa
y a esas alturas se hallaba en las proximidades de Sierra Gorda. La
presión se acrecentaba sobre los líderes.
EL HALLAZGO
El 23 de marzo la caravana pernoctó en Cerro Limón
Verde. Al amanecer del 24 “Cangalla” Méndez miró los cerros aledaños y
divisó una ladera con “panizos de plata”. El esperado hallazgo se había
producido. El 25 en la mañana ya se hallaban en el lugar y comenzaron la
búsqueda. Sólo Sagredo se quedó con los animales.

Al regresar al punto de encuentro, “Cangalla” revisó
cada una de las muestras. Todos habían hallado plata, pero el más
afortunado fue Reyes. No tenía idea de minería pero era “pillo” de
gallinas. Quien entiende a la suerte.
Dos hombres partieron inmediatamente a Mejillones, a
dar cuenta del hallazgo a José Díaz Gana. Éste se apersonó en la
serranía y comenzó a levantar los planos, para realizar los pedimentos.
Tardó dos meses.
Los descubridores se adjudicaron un total de 24 barras.
Eran las unidades empleadas en la época para parcelar los yacimientos.
12 para los financistas y 12 para los cinco descubridores. José Díaz
Gana y el Barón de la Riviere, 6 barras cada uno. Por su parte los
expedicionarios cobraron 2,4 barras por cabeza.

PUEDEN PASAR LOS SIGLOS, NO LA NECESIDAD DE VERSE MEJOR.
Algunas evidencias de cómo era la vida en "La Placilla" de Caracoles
durante el siglo 19.
DESTINO FINAL DE LOS DESCUBRIDORES
José Díaz Gana se construyó un palacio en Santiago. Lo
perdió jugando a las cartas el día antes de su inauguración. El Barón de
la Riviere no se hallaba en Mejillones. Estaba luchando por Francia en
una guerra europea. Viajó, cobró sus barras, las vendió en el acto y se
devolvió su país. Allí compró un castillo y –por fin- un título de
nobleza verdadero.
El “Cangalla” se instaló a beber en las vendimias de
Aconcagua… a morir. Exequiel Reyes puso una compañía comercial donde sus
socios se enriquecieron y él se fue a la quiebra. Saavedra se empobreció
y desapareció para todos. Sagredo –más tranquilo- logró mantener una
quinta en su Limache natal. Porras fue el único que murió millonario. Se
arranchó en Petorca y cada mes viajaba a Santiago vestido de huaso
humilde. Ingresaba al Banco Nacional, liquidaba sus depósitos a plazo,
sacaba la cantidad que necesitaba y luego reingresaba la remesa, casi
íntacta.

La plata no evitó el olvido.
IMPACTO HISTÓRICO
Desde Caracoles se extrajeron al menos 850 toneladas de
plata. Desde 1891 a 1917 fue comuna de la provincia de Antofagasta. El
poblado principal fue “La Placilla”. Pero su importancia fundamental es
que atrajo hacia el Desierto de Atacama una gran cantidad de mineros
chilenos y luego sus respectivas familias.
Caracoles fue fundamental en la integración del
Desierto de Atacama a territorio chileno. También definió la supremacía
de Antofagasta sobre Mejillones, poblando la actual capital regional.
Todo eso haría que Chile fijara en esa ciudad su centro de operaciones
en la Guerra del Pacífico. Por Caracoles, Antofagasta es la actual
capital del Desierto de Atacama.

UN ARAÑAZO AL FUTURO. Evidencias de querer mantener viva
la historia de Caracoles.
La historia del descubrimiento de Caracoles prescinde
de Mejillones. Hay literatura histórica que señala a Cobija y
Antofagasta como punto de salida de la expedición de “Cangalla”. José
Díaz Gana se identifica con Antofagasta y no con Mejillones, que es
donde corresponde.
Por eso hoy ejecuto este acto de justicia literaria.
Contar la verdadera historia de ese hecho épico. La gloriosa caravana
que salió desde Mejillones para descubrir una comarca de plata llamada
Caracoles.

CAMINANTES DEL DESIERTO, misioneros de la historia
antofagastina. A la derecha de la fotografía -con pose de modelo- su
líder, Mauricio González. Junto a él un patrimonialista mejillonino. De
rojo y con pulgar arriba Hugo Moyano. Sentado entre ambos -bajo un
gorro- el mentón del autor de esta crónica.
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