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Lunes, 13 de abril de 2026 Cultura

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A cien años de la más delirante aventura mejillonina: la expedición tras el derrotero de "Cerro Plomo"

Wilfredo Santoro Cerda


     El pasado mes de marzo se cumplieron cien años desde que tres hombres y un perro bajaron por la escalera de la Estación ferroviaria de Mejillones. Se trataba de un francés, un veterano de la Guerra del Pacífico y el yerno de éste. Portaban un plano, voluminoso equipaje y darían paso a una de las aventuras más delirantes ocurridas en nuestro pueblo. Venían tras el “derrotero del Cerro Plomo”.

     La historia habíase iniciado el año 1892, cuando un tal Mertiel le confidenció a Apolónides Ulloa en Coquimbo ser poseedor de una mina de oro. Este veterano de dos guerras (1879 y 1891) se manifestó dispuesto a apoyarlo y compartir utilidades. Cuento corto: tras recuperar el plano en Tocopilla, Ulloa se lanza a la primera expedición.

     Este primer intento fue un fracaso. Mertiel fallece antes que se inicie. Duda de la lealtad de Ulloa y ya agónico, escribe una carta en la que lo responsabiliza de una muerte que siente próxima. Ante eso renuncia a su parte e informa que la cede a un señor Miolati, que vive en Iquique. Hombre de palabra el veterano de guerra busca al tal Miolati. Resulta ser un mozuelo, borrachín, que se gana la vida embaucando a la gente con el juego “Pepito paga doble”. Teniendo claro que no se trata del Miolati original, Ulloa respetuoso de sus compromisos lo obliga a participar en la expedición, pagándole todo e informándole que será dueño del 50 por ciento… pero Miolati es un constante lastre para la empresa.

El libro de Jean Arondeau, una verdadera joya literaria para Mejillones.



     El año 1926 va a encontrar a Ulloa radicado en Antofagasta, trabajando como mayordomo de una firma extranjera y con buen pasar. Casado y padre de una hija. El marido de la dama se llama Moises Aguayo. En ese contexto llega a trabajar en la empresa el escritor francés Jean Arondeau… que andaba en ánimo de “rodar tierras”.

     Rápidamente se traba una amistad entre el europeo y el veterano. Éste último le cuenta la aventura vivida en 1892 y le muestra el plano. El entusiasmo logra que aflore el deseo de volver y ambos deciden probar suerte.

     El hecho concreto es que el 3 de marzo de 1926, a las 19 horas, Jean Arondeau, Apolónides Ulloa, Moises Aguayo y el perrito de este último: “Yalú” bajaban por las escaleras de la estación ferroviaria, actual Radio “Mejillones FM”. Cargaban un enorme equipaje conformado por “sacos con leche condensada, charqui, conservas, harina tostada, vino, cerveza, agua mineral, herramientas y abrigos”.

El cerro de las manchas blancas. Se ubica frente a Hornito y se ve desde Mejillones. Allí está "Cerro Plomo".



     Una de sus primeras acciones tras instalarse fue caminar hasta el final de calle “Licura”. Desde allí Ulloa les mostró un cerro con “dos o tres manchas blancas”. De noche saldría la expedición. Los aventureros contaban con tres caballos y cuatro mulas. Se fueron por la playa y antes de llegar a “Punta Chacaya” subieron, encontrándose con el monolito del paralelo 23 o “pirámide”, denominación que le dio la Comisión Pissis-Mujía.

     No seguiré contando más, porque Jean Arondeau escribió un libro, donde narra maravillosamente esta historia. Se llama “El derrotero del Cerro Plomo”, fue editado por Zig-Zag, que lo publicó en 1946. Consta de 160 páginas.

     Al cumplirse el centenario de esta extraordinaria aventura pienso que el libro debe reeditarse. Por su alto valor patrimonial, que nos habla de una época y un territorio no muy documentado literariamente. Disponer de un texto ambientado en el año 1926 y que abarca desde Cobija a Mejillones… tiene un valor incalculable.

 

La boletería de la antigua estación ferroviaria de Mejillones. Por allí pasaron hace un siglo los expedicionarios hacia Cerro Plomo. En la fotografía el autor de la nota, Wilfredo Santoro Cerda.