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Gustavo Tapia y su Antofagasta Blues

  Wilfredo Santoro Cerda

   Conocí a Gustavo cuando ambos éramos reporteros de “La Estrella del Norte”. Él escribía “Balcón Político” donde hacía gala de su fino humor. Su natural tendencia a la ironía. La sapiencia que la ha dado estar en el lugar justo… bueno… tal vez en el momento inadecuado. Esa visión de mundo está volcada en “Antofagasta Blues”, una colección de 18 cuentos que muestra precisamente ese mundo: la sátira que brota educada, juguetona, caminando por otros continentes y otros tiempos, pero siempre anclada al Desierto de Atacama.

   “Antofagasta Blues” no es el primer libro de Gustavo Tapia Araya. Tiene varios publicados. Ya por los 90 vio la luz “Crónicas en Berlín” donde destaca un cuento que a mí me parece icónico: “El satélite chileno”, una hilarante asociación del primer acontecimiento espacial del país con nuestra forma de hacer las cosas. “Antofagasta Blues” sigue los pasos de “Crónicas…”, muestra personajes que se desplazan por ciudades europeas con plena familiaridad, ligados a acontecimientos o instituciones que desde niños nos deslumbraron. Nos hace parecer que aquellos somos nosotros.

   En general todo lo que escribe Gustavo a mí me gusta. Desde que me destornillaba de la risa con su “Balcón…” de La Estrella. También en su vida personal hay hechos divertidamente históricos. Como cuando el 11 de marzo de 1980 -en la sala de redacción de “La Estrella”- se sentó a ver la asunción de Alywin, un –para él- anhelado presidente civil tras 17 años de gobierno militar. A los dos minutos se levantó y se fue al computador… algo le pareció mal y ya se había transformado en oposición.

   Esa misma frescura tienen sus cuentos. Esa dinámica. La de un hombre muy inteligente que mira su entorno con ironía, sin renunciar a pincelar un mundo mejor. Y esa visión se proyecta en sus cuentos. Cuentos a veces delirantes como “El francotirador” donde una serie de asesinos de elite se dan cita en Antofagasta para disparar contra Salvador Allende en una de sus giras a provincias.

   Gustavo siempre sorprende con su temática. Cuenta cuentos, pero cuentos de verdad. No simples relatos ficticios de la realidad.  Nos hace creer que nos narrará la historia de una película hollywoodense rodada en Antofagasta para luego sorprendernos con un “vuelco” al más puro estilo policial de la “Estrella del Norte”. Ese es “Quantum”.

EL AMOR ES COMO EL MAR

   “L´amour c´est comme la mer” es otra de las provocaciones literarias de Gustavo. Grettel , una europea deslumbrante que inexplicablemente en algún momento se encuentra en Antofagasta y en los brazos del protagonista. El Club de Yates; un catamarán capitaneado por un anglomejillonino que vende sus libros en el extranjero y la aventura marítima inusual. La que revela a una supermujer que no está diseñada para Antofagasta ni para una vida sencilla. La supermujer que todo hombre alguna vez tuvo y no se quedó.

   Extrañamente este libro nuevamente logra su clímax en un episodio espacial, al igual que “Crónicas en Berlín”. Esta vez se trata de Tomás, un técnico chileno de la Nasa que muere en Estados Unidos. También es la historia de Nyeshia, una matemática de ascendencia africana que ha triunfado a pesar de la xenofobia. Tomás es importante porque aportó a la Nasa su experiencia como experto en combustibles espaciales. Porque Chile también se involucró en la carrera sideral a principios de la década de los 60. Y lanzó un artefacto en 1962… desde la Región de Antofagasta.

   Eso es “Antofagasta Blues”. Nombres como “El secuestro del Jabirú”, “El galeón español”, “La legión de Judas”, “El pimiento”, “Chilean Psycho” y otros, proponen mundos de sueños. Mundos ligados indefectiblemente al Desierto de Atacama. En cualquiera de sus versiones. ¡Léalo! ¡Cómprelo! …vale la pena.