Diario Electrónico de Mejillones

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Las verdades que no se dicen...

Viernes 24 de julio de 2020 Cultura

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El derrotero del Cerro Plomo

Wilfredo Santoro Cerda

Un veterano de la Guerra del Pacífico y un francés que racionalizaba todos los mitos se asocian en 1926 para abordar la búsqueda de un mítico tesoro. Esta aventura daría lugar a uno de los libros más entretenidos vinculados a Mejillones durante principios del siglo XX: “El derrotero del Cerro Plomo”.

Jean Arondeau llegó por trabajo a Antofagasta y allí conoció a todo un personaje: el setentón Apolónides Ulloa. Este último había participado en la Guerra del Pacífico y en la Guerra Civil de 1891 pero ahora su pasión era otra. Tenía en su poder un mapa que mostraba el lugar de un “derrotero”.

Ulloa ya había hecho una expedición en busca del tesoro en 1892. En la ocasión lo hizo acompañado de un tal Miolati, que le fue impuesto por su socio inicial: el francés Mertiel, quien le pasó el plano y luego desistió. Curiosamente la carta que contenía el plano provenía de España, de un señor Artola y estaba dirigida a un… Miolati. Claro que el Miolati que ubicó Ulloa no tenía la más mínima posibilidad de ser el destinatario de tal secreto. Era de muy escasos recursos, bebedor consuetudinario y tenía sólo 22 años.

Con todos esos antecedentes Arondeau –que llevaba la aventura en la sangre- no hizo más que tomar la decisión. “Hay que ir”, se dijo. Y 34 años más tarde de la expedición Miolati se armó la segunda búsqueda.

EL CERRO DE MANCHAS BLANCAS

De acuerdo al plano el derrotero se hallaba en un cerro de la Cordillera de la Costa, visible desde Mejillones y que tiene dos características manchas blancas. Se trata del “Cerro Plomo” y queda en las inmediaciones de Hornito.

A los dos mencionados se unió el yerno de Ulloa, Moisés Aguayo. Posteriormente la expedición sería engrosada por José “Overo” Rojas y finalmente por Zacarías Salas. Arondeau, Ulloa y Aguayo tomaron el tren a Mejillones y desde este puerto se iniciaría la aventura.

El relato contiene una rica descripción de cómo era la vida en estos lares hace un siglo. De la importancia de las aguadas. Los nombres y ubicaciones de éstas. El poder de la creencia en la toma de decisiones. La lucha entre la magia de Ulloa y la racionalidad de Arondeau. Además muestra pinceladas del Mejillones de 1926.

Si bien el libro físico actualmente es un pequeño tesoro ahora se puede acceder en forma digital. Le dejamos el link para que pueda leerlo. Es El derrotero del Cerro Plomo, también le invitamos a disfrutar de la magia de este libro y damos gracias al portal Libros Maravillosos (www.librosmaravillosos.com)  por poner a nuestro alcance tan amena literatura.