Diario Electrónico de Mejillones

Fundado el 2 de noviembre del 2001

Las verdades que no se dicen...

Viernes 17 de noviembre de 2017 Cultura ¡Contáctenos!

Volver a la página principal

 

 

Recuerdos de Víctor Rivera Véliz

“Víctor Jara cantó en La Caleta”

 Wilfredo Santoro Cerda

         En La Caleta los viejos siempre se las arreglaban para tomarse un trago. Pero esta vez se notaba algo diferente. De hecho el bullicio provenía de una casa donde no había ese tipo de reuniones. “Parece que están de farra –nos advirtieron los mayores- no se vayan a meter por allá”.

Hablamos de Mejillones, de La Caleta, del campamento de la Sociedad Chilena de Fertilizantes. No más de 400 habitantes. Casas de madera alrededor de tres pequeñas callecitas. En las proximidades de La Rinconada, donde ahora se halla una empresa de algas. Hablamos de 1971. Una plazoleta pegada al mar y un galpón militar sobre una elevación habilitado como escuela: la mítica Escuela 26. La primera calle, la más próxima al mar, era “la principal”, por donde transitaban los vehículos. La segunda era prácticamente un pasillo y la tercera: la más populosa. Por el centro pasaba el andarivel con sus vagones cargadas de guano. En esa calle se había situado el festejo.

Yo tenía diez años y a esa edad la curiosidad suele ser más fuerte que las instrucciones. Mi hermana Ofelia –un año menor que yo y con un millón de iniciativa más- se “acordó” que tenía una tarea precisamente con la amiga que vivía en la casa en cuestión y partió hacia allá. Yo detrás de mi hermana, buscando conocer el motivo del festejo.

Recuerdo que había una puerta entreabierta al patio  y hasta allí nomás llegamos. Miré no más de un minuto y lo único que vi fue a cuatro personas que andaban todas con poncho. Uno de ellos tocaba guitarra y cantaba. Los anfitriones, que eran varios vecinos de La Caleta, compartían una pilsener o un vaso de vino y seguían con atención la actuación de los visitantes, especialmente de aquel que cantaba con voz poderosa y apasionada “ven... ven... conmigo ven... vamos por ancho camino...”

Bien. Ese episodio quedó grabado en mi mente, no sé si por sentir que había infringido por algunos minutos la férrea disciplina de mis mayores o sencillamente porque cuando chocas con la grandeza no puedes olvidar.

Ese recuerdo quedó dormido hasta dos años después, cuando sentados en una escalera de la Escuela 21 el Pepe (que... grrr... siempre lo sabía todo e iba 100 kilometros delante mío) me contó que habían matado a Víctor Jara.

EL MES MAS NEGRO DE NUESTRA HISTORIA

Bueno... eso no era novedad. Estábamos en septiembre de 1973 y ya iban dos legendarios personajes muertos: el presidente Allende y el poeta Neruda. Si bien Víctor Jara había muerto antes que nuestro premio Nóbel, se supo después. Fue un glorioso más de una lista interminable.

Mientras se hablaba del inesperado acontecimiento, el Pepe se acordó que Víctor Jara había cantado en La Caleta y que había estado en la casa de su padrino Rivera. Recién entonces me percaté que el personaje de poncho que cantaba sentado en el patio de Rivera era el mismísimo Víctor Jara.

El tiempo pasó. Me casé y a mi primer hijo le coloqué Víctor. Le coloqué Víctor precisamente por Victor Jara. Y no porque soñase que mi hijo fuera cantante, sino porque Víctor Jara para mí siempre encarnó el concepto que los ideales son para morir por ellos.

El tiempo pasó... y llegamos hasta el 2017 para chocar repentinamente con todos los Víctor de esta historia. O al menos dos de ellos, porque el tercero –mi hijo- siempre estuvo. En una convivencia socialista pude conocer la trayectoria de Víctor Rivera Véliz y sus preciados recuerdos.

Víctor Rivera Véliz, 72 años socialista

Don Víctor a estas alturas (2017) tiene 85 años. Nació un 17 de noviembre de 1932 en Oficina “Victoria” (Victor, Victoria, etc). Con una lucidez envidiable para sus años recuerda hasta la más mínimas fechas y acontecimientos. Le preguntamos por Víctor Jara y nos cuenta que efectivamente, a principios de los 70 viajó a Mejillones. Realizaba una gira por el norte junto a otros artistas comprometidos políticamente y en esta comuna fue recibido por la recordada dirigente comunista Luisa Palacios.

Acerca de la presencia de Víctor Jara en La Caleta, manifiesta que fue invitado a cantar en el Sindicato Obrero, el recinto más grande del campamento de Fertilizantes. Era de color morado y tenía un auditorio. Allí se hallaba un televisor donde podían ver programas quienes carecían de ese aparato, que eran los más. En la década de los 70 los televisores eran escasísimos.

Tras la presentación, Víctor Rivera había contraído el compromiso con Luisa Palacios de ofrecerle una atención en su casa. Esto lo cumplió religiosamente y junto a algunos vecinos se reunieron para compartir con los artistas invitados.

EL TESTIMONIO DE NANCY

Pero don Víctor no es el único que recuerda a Víctor Jara. También conversé con mi amiga Nancy Collao Palacios, sobrina de Luisa Palacios. Fue la tía de Nancy quien lo recibió en Mejillones, junto a una verdadera delegación. Nancy en ese tiempo era una niña y recuerda algunos sabrosos pormenores de tal visita.

Nos cuenta que su tía Luisa tenía una hermosa huerta en el patio. Víctor Jara no llegó solo, sino con un grupo de personas entre los que se contaban algunos integrantes de las juventudes comunistas. Tales jóvenes se reunían en ese lugar para hacer una serie de trabajos siendo Víctor Jara el único que se restaba de tales labores.

Tal actitud no era del agrado del dueño de casa que discretamente comentó la actitud del artista, creyendo que nadie lo oía "¡el gallo flojo! ... no ayuda en nada". Tal intervención alcanzó a ser escuchada por un señor de la delegación quien le manifestó al anfitrión "no debe molestar al maestro.¡Está trabajando!". Tal aseveración ya colmó la paciencia del tío, quien incrédulo señaló ¿¿TRABAJANDO??.. si no nace ninguna w... Ahí está con un cuaderno y la guitarra". "Está componiendo una canción" respondió el caballero. "No se vaya a enfermar del pulmón" contragolpeó el tío con tan mala suerte que en ese instante apareció su señora quien sin más trámite lo despachó a su habitación. La dirigenta era una mujer de carácter.

Bueno... aún retumba en mis oídos “ven... ven.. conmigo ven... vamos por ancho camino” que escuché aquel lejano 1971. Don Victor Rivera mantiene sus utopías. Nancy Collao sonríe con las picardías de su tío y aquella gloriosa tía que recibió tan ilustre visita. Respecto a Víctor Jara, como todos sabemos se hizo leyenda revolucionaria. Una leyenda que también toca a este Mejillones donde cantó.