Diario Electrónico de Mejillones

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Sábado 23 de marzo del 2013

Cultura

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  Hasta aquí llegaba Chile. Esa fue la función que cumplió este histórico hito desde 1857 a 1866. Importante pieza patrimonial que no ha sido debidamente valorada  

Rescatemos el hito 23

 Cuando Mejillones era la frontera

Wilfredo Santoro Cerda (Extractado de Revista "Induport" Nº 11)

         Hubo un tiempo en que Chile llegaba hasta Mejillones. Aún se mantiene altivo el hito construido para decir “hasta acá llega Chile”. Tal hito es un verdadero monumento histórico que yace oculto y olvidado en el desierto norte de nuestra comuna. Y el tiempo en que Mejillones fue la frontera norte de Chile fueron años decisivos en la historia de nuestro país. Décadas que desembocaron en una guerra por la posesión del Desierto de Atacama.

Cuando recién se liberaron  las colonias españolas, dando paso a las nacientes repúblicas, el Desierto de Atacama no le interesó a nadie. Fue denominado el “descampado” o “despoblado” de Atacama y no produjo mayores fricciones. Perú se autolimitó al sur hasta el Río Loa, Chile mantuvo Copiapó como su avanzada norte, con alcance hasta Taltal y Bolivia funda Cobija, entre Perú y Chile. La acción altiplánica –desarrollada en 1825- fue visionaria.

A fines de la década del 30 se descubre guano blanco en la Península de Mejillones. El empresario francés Domingo Latrille comienza su explotación, planteándose por primera vez el tema de los límites. Hasta el momento era “tierra de nadie”. Chile alegaba la pertenencia del “despoblado de Atacama” mientras que Bolivia reclamaba que su jurisdicción se prolongaba hasta Coquimbo.

Lo cierto es que –basándose en mapas y leyes coloniales absolutamente verídicos- este territorio podía ser chileno, boliviano, peruano e incluso argentino!!!  Ya que era tal la contradicción de estos documentos en 300 años de administración remota, que existían decretos reales para defender la posición más inverosímil.

Fue en ese marco legal que Chile buscó normalizar la situación de límites. El año 1842 el presidente Manuel Bulnes promulgó una ley que declaró de propiedad chilena los guanos ubicados de Mejillones al sur, fijando de esta manera como límite el paralelo 23. Este paralelo queda unos pocos kilómetros al norte de Punta Angamos y –por la costa- poco antes de llegar a Chacaya.

De esta manera Mejillones se convirtió en el límite norte de Chile. Esta decisión provocó serios diferendos entre Chile y Bolivia, lo que se agravaban en 1846. Tal año la goleta de guerra “Janaqueo” enarbola la bandera chilena en Punta Angamos.

Esto genera una reacción boliviana que desplaza efectivos desde Cobija y toma preso a los empresarios, por explotar ilegalmente guano boliviano. Nuestro país reacciona enviando la fragata “Chile”, bajo el mando del comandante Simpson, quien libera a los guaneros y construye un fortín. Será esta estructura militar menor la que le da el nombre a la playa “Punta Cuartel”, que ahora es más conocida como “Punta Rieles”.

Cabe destacar que hasta ese año Mejillones técnicamente no existía. Existían campamentos nómades de guaneros que iban barriendo la costa de guano blanco, como sucedería más de un siglo después con el alga gracilaria (pelillo).

El 23 de noviembre de 1857 –en la histórica corbeta Esmeralda- desembarca en Mejillones el equipo de peritos que definirán el lugar exacto del paralelo 23 donde se levantará el hito, que es construido por personal had hoc que transporta la gloriosa nave. De esto han transcurrido 155 años.

Sólo cinco años después –en 1862- nacería Mejillones. En esa fecha el empresario chileno Juan López descubre un cuantioso yacimiento de guano rojo en el Morro de Mejillones. Esto obliga al nacimiento de un pueblo. 

GEMELOS

 Al igual que Roma, que tiene su origen en la leyenda de gemelos, Mejillones también nace de un parto doble. Un poblado en el sector denominado “Caleta Ño Robles” (que fue rebautizado como “Ancora”) y otro en “El Rincón” (que se mantuvo con una ligera variación: “La Rinconada”). Ambos poblados nacieron por necesidad y gestión de la Sociedad de Guanos López, Torres, Garday, que tienen un rol fundamental en el nacimiento de nuestra ciudad.

Como se puede ver, Mejillones nació en territorio chileno, fundada por chilenos. Es decir, su origen es absolutamente chileno. Está refrendado por documentos del Gobierno chileno que el 24 de diciembre de 1862 traspasa las tres manzanas principales a la sociedad, para que den curso a sus labores y campamento.

Pero el descubrimiento de López provoca trastornos internacionales. Bolivia nunca reconoce la ley chilena del límite en el paralelo 23 y continúa porfiando su extensión hasta Taltal... a pesar que no tiene gente ni siquiera para poblar Cobija.

Tal animadversión se manifiesta el año 1863 en Oruro, cuando el Congreso se reúne para tratar el “caso Mejillones” considerando que la “apropiación” de dicho territorio por parte de Chile y de esta forma, la apropiación de sus riquezas guaníferas recientemente descubiertas ameritaban un permiso al Presidente para declararle la guerra a Chile, de fracasar las gestiones diplomáticas para la devolución de este puerto. 

COMO MEJILLONES PASÓ A BOLIVIA 

No hubo ni devolución de territorio ni declaración de guerra. Llegó al poder de Bolivia un presidente que hizo retroceder a Chile sin disparar una bala: Mariano Melgarejo.

Este mandatario tiene la peor imagen en Bolivia. Es considerado tirano y “entreguista”. Pero hay que reconocer que su gestión diplomática con Chile fue impecable para su país. Consiguió lo que ningún boliviano ha podido hacer hasta ahora: tomar posesión de territorio que Chile reclamaba como suyo.

Y lo hizo con algo de lo que también se ha manifestado escasa la diplomacia altiplánica: flexibilidad. En 1865 una poderosa flota española intenta reconquistar Perú. Chile reacciona generando también la respuesta de un vacilante Perú y logrando el apoyo de Ecuador.... todos contra España. Bolivia -que tenía una autorización de guerra contra Chile- poseía el único puerto del Pacífico donde la flota española podía reabastecerse: Cobija.

Todo indicaba que lo más conveniente para Bolivia era apoyar a la potencia o –en su defecto- declararse neutro. No obstante, Melgarejo anunció a Lima que ellos ingresaban a la alianza contra España. Una vez terminado el conflicto, Chile apeló a un sentimiento americanista manifestándole a Melgarejo que tenía la voluntad de solucionar de la mejor forma todo el problema limítrofe, solamente salvaguardando la inversión realizada por sus hijos. Por lo tanto, ofrecía entregar soberanía desde el paralelo 23 al 24 – entregar Mejillones y la naciente Antofagasta- con la sola condición que las riquezas que allí se hallaban fuesen explotadas a medias.

Tal acuerdo se plasmó en un Tratado... el Tratado de 1866. Hasta ese año Mejillones fue chileno. Exactamente hasta el 13 de diciembre, fecha en que se promulga la ley que hace efectivo el Tratado de Límites, arriándose en Mejillones la bandera chilena e izándose la bandera boliviana. Antofagasta aún no existía... ni siquiera el nombre... nacería bajo sello altiplánico.

Bien.... aquella frontera norte demarcada por el hito de Mejillones se correría a las proximidades de Punta Jara, posteriormente, al finalizar la guerra se desplazaría a Tacna y en 1929 hasta la Línea de la Concordia, entre Arica y Tacna, donde aún se mantiene. 

CONSERVACION

 Mientras tanto a nosotro nos queda ese hito. Ese tremendo pedazo de historia que no hemos sabido conocer, valorar ni mostrar. Ahora se nos presenta una gran oportunidad de salvaguardarlo de la debida forma.

He sabido que se está desarrollando el proceso de impacto ambiental para la instalación de una nueva termoeléctrica: la Central a Gas Natural Kelar. Dicha planta debiera quedar a unos 3 kilómetros de tal monumento. Es de esperar que algunos de los mecanismos de mitigación para su puesta en marcha consideren el resguardo de ese patrimonio mejillonino, por un tema de cercanía.

Hay dos mejilloninos de evidente liderazgo que se han manifestado preocupados por este histórico hito 23. Uno es nuestro actual consejero regional, Alberto Rivera y el otro el dirigente portuario Víctor Flores. Ellos han comprometido sus buenos oficios para plantear ante Kelar la posibilidad de conservación de este monumento.

       
   

Vestigios de las instalaciones guaneras ubicadas en Playa Blanca. Al fondo se divisa Punta Cuartel.