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Martes 11 de febrero de 2014

Cultura

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Mejillones y sus cinco cementerios

Wilfredo Santoro Cerda 

        Hace `poco se celebró el “primero de noviembre”, “día de los muertos” y el cementerio local se convirtió en punto de atracción. La historia de Mejillones se parece mucho a la historia de sus cementerios: sólo se conoce lo último. Así como hay una historia que no se conoce, de igual forma hay cementerios que no se conocen. De hecho, Mejillones ha tenido cinco cementerios, sin contar los indígenas, de los cuales conocemos al menos uno (Enaex). 

Los antecedentes que voy a utilizar corresponden a información entregada por Edly Shanks Arqueros, fallecido a fines del siglo XX, quien fuera alcalde de Mejillones y descendiente de Perkins Shanks. Este último fue un ingeniero norteamericano que se afincó en este puerto a fines del siglo XIX y tuvo un importante rol como constructor. 

Iván Cortés Martínez lo entrevistó en Radio “Mejillones FM” el jueves 26 de octubre de 1989. En aquella ocasión Edly Shanks –haciendo gala de una memoria prodigiosa- entregó detalles pormenorizados de estos históricos camposantos.

 CALETA ÑO ROBLES

 El primer cementerio está ubicado en la planicie que se ubica sobre Playa Blanca. Su origen está ligado a los inicios de la explotación del guano rojo en 1862, Se trata de la empresa de Juan López, Matías Torres y Juan Garday, quienes fundaron un campamento en Caleta Ño Robles (ahora conocida como Ancora). Este lugar posteriormente tuvo administración boliviana y aún quedan vestigios de sus tumbas, aunque fue recurrentemente saqueado a contar de la década del 60.

 Un segundo cementerio se erigió en la pampa, tras los campings de los sindicatos de Codelco. Este cementerio está ligado a la administración boliviana, por lo que su origen debe ser posterior a 1867.  Sin duda este cementerio es el más espectacular por dos motivos. Primero: allí fue sepultado el almirante Miguel Grau y la tripulación del “Huáscar”. Segundo: generó la leyenda más genuina de esta localidad.

 Con respecto al almirante Grau, sus escasos restos estuvieron allí sólo unos días. Los 32 de marinos tuvieron una estada más prolongada, fueron repatriados en 1890.

 LA LEYENDA

 La leyenda fue rescatada por otro gran mejillonino del siglo veinte: Jorge Chacón Villarroel que igualmente fue entrevistado por Iván Cortés. El fue subdelegado civil, poeta y escultor. El mito habla de Mejillones de 1879, un lugar donde había poca población boliviana, pero los que se hallaban tenían poder económico, ya que se trataba preferentemente de autoridades. Al momento de producirse el desembarco en Antofagasta estos bolivianos –antes de huir- habrían cogidos todos sus objetos de valor y lo habrían enterrado “a las puertas del cementerio”. 

Chacón tenía documentos muy antiguos que avalaban esta leyenda y que daban una descripción del lugar donde se hallaban las joyas, pero todas usaban como referencias la “puerta del cementerio”. Y a esas altura todo era desierto. De todas formas –por muchos años- llegaban personas muy misteriosas en el tren, que bajaban silenciosas y se iban a cavar al desierto, buscando “el arco que da a las puertas del cementerio”

 El último cementerio del siglo XIX se hallaba casi frente al actual, un poco desplazado en dirección oriente, en la parte posterior de Enaex. Este camposanto recibió el nombre de “Lazareto”, ya que allí fueron sepultadas las víctimas de la fiebre amarilla que asoló nuestro pueblo a principios del siglo XX.

Edly Shanks hace una descripción de la forma en que se sepultaban a las víctimas de esta peste: “Pescaban un calamina. Ponían un par de sacos. Ponían el cadáver encima y después otra calamina más”. La razón era la urgencia de sepultarlos para detener el mal.

 EL SIGLO XX

 Por último, el siglo XX traería dos cementerios más, que nacieron casi simultáneamente, en 1914. El primero ubicado en las faldas del cerro, donde ahora existen algunas canteras y el segundo, el camposanto municipal. 

Con respecto al cementerio de Fertilizantes, siempre se le conoció como “boliviano”. Edly Shanks refuta esa aseveración y señala que estaba en uso hasta el año 1927 y que allí se sepultaban las personas que morían en el campamento de Buchanan Jones. 

El actual cementerio también guarda historia. Entre otros allí está sepultado el “capitán abandonado”, padrastro portugués de Nefatlí Agrella que inspiró uno de los poemas más bellos escritos en el norte. 

 Claro que el “capitán abandonado” ha sufrido otro daño… esta vez eterno. La armazón de madera que indicaba el lugar de su tumba fue corrido para construir nichos encima. Tal práctica he hecho desaparecer no solo las identidades de los fallecidos, sino parte de la historia de Mejillones.

 Sin considerar que de los cuatro cementerios anteriores, no queda ninguna identidad.

Este fue el segundo cementerio de Mejillones. Acogió los restos del almirante Grau y fue eje de la leyenda de un entierro de riqueza boliviana. El único de los cinco cementerios que aún guarda identidad de los fallecidos también las está perdiendo, Debemos cuidar nuestra historia.