Diario Electrónico de Mejillones

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Las verdades que no se dicen...

Lunes 14 de febrero de 2022 Cultura

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Una escuela llamada Irene Morales

Wilfredo Santoro Cerda

Entre los muchos significados del 14 febrero hay uno que no ha sido suficientemente difundido: entra a la historia una chilena excepcional: la cantinera de la Guerra del Pacífico Irene Morales Galaz.

          Pocos meses antes de la reivindicación de Antofagasta a territorio chileno, las autoridades habían fusilado a su pareja: Santiago Pizarro. Ella contó las balas en el cuerpo de su amado y juró venganza. Ese 14 de febrero sacó el escudo boliviano de la Prefectura, saltó sobré él y se enroló como hombre en el Ejército.

          Irene era hermosa, así que fue descubierta rápidamente. Pasó a cantinera e igual destacó en el campo de batalla. Su arrojo suicida le permitió llegar al grado de sargento. En esa calidad tras la toma de Arica sacó a soldados enemigos ocultos en el templo, los contó de forma que coincidieran con las balas recibidas por Santiago y los hizo fusilar. Cuento corto, entró con uniforme y sobre un caballo con las tropas chilenas a Lima. Es decir Irene empezó la guerra y terminó la guerra.

          Su retorno a Chile fue traumático. Pobre, sin pensión, algo alcoholizada. Se cuenta que tomaba un trago y salía a la calle disparando y gritando: “Soy Irene Morales, heroína de guerra chilena… y qué”. Murió a los 42 años de neumonía, tras 6 años de terminada la guerra, en la miseria.

 También quedó registro de la inauguración del monumento al roto chileno. Se congregaron las autoridades más importantes del país y una multitud. Irene fue –como público- caminando desde su casa con la cara cubierta por un velo, avergonzada por su condición de pobreza. No obstante al llegar fue reconocida. Espontáneamente la gente comenzó a abrirle paso. Ella sorprendida no sabía que pasaba, hasta que repentinamente  todos comenzaron a aplaudir. Irene siguió caminando mientras los varones ostentosamente se quitaban los sombreros a su paso y dos lágrimas surcaban su rostro. 

LUCHANDO CONTRA EL OLVIDO 

Chile no guardó memoria de las mujeres que combatieron. Tampoco guardó memoria de aquellas que colonizaron el Desierto de Atacama. Solamente los militares varones fueron honrados por la historia. Es por eso que es tan valioso el trabajo de Ana Olivares Cepeda, quien más de un siglo después inició una cruzada para sacarlas del olvido. Ella ha gestionado un día conmemorativo para la Cantinera de la Guerra del Pacífico. La iniciativa duerme en el Senado esperando el último trámite. Sin embargo el día ya está fijado. Es el 27 de noviembre.

Es por eso que este 14 de febrero me llena de emoción saber que existe en Chile una escuela que lleva el nombre de esta chilena de excepción. No está en Santiago, donde nació. Tampoco en Antofagasta, donde inició su gloriosa participación militar. Se encuentra en la comuna de San Javier –Región del Maule- y es una escuela rural que se halla en la localidad de Carrizal.

“Alla iremos -me dice Ana Olivares- para destacar una iniciativa rural que rescata el sacrificio de mujeres que construyeron Chile. Para recordarle a los senadores que las mujeres existen, que han dado su vida por Chile. Que es un mínimo acto de justicia que sean recordadas UN día, tal como sus contrapartes varones son justamente homenajeados con estatuas y nombres de avenidas” .