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Lunes 26 de febrero de 2018

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Mejilloneidad: la esencia de lo nuestro

  Wilfredo Santoro Cerda

             Diversos sucesos ocurridos durante el último tiempo obligan a preguntarnos ¿es Mejillones un pueblo con identidad? ¿tiene una población orgullosa de su historia y de su pasado? ¿le interesa su patrimonio histórico? ¿o es su identidad aquella característica de saquear todo lo que sea convertible en dinero sin el más mínimo apego al pueblo?.

Mejillones no ha cuidado nada. No lo ha hecho jamás. Aquí se ha depredado todo lo que se pueda convertir en monedas sin el más mínimo sentido de la identidad. Y el pueblo calla y otorga. Así se demanteló el “Chata Liffey” por allá por la década del 30. Era un galeón perteneciente a la Real Armada Inglesa que terminó de pontón para una empresa naviera de esa bandera. Su fina vajillería con el nombre del barco y escudos reales se dispersó por las casas del pueblo, mientras que otros más audaces robaban el bronce de sus terminaciones. 

Así a fines del siglo XX fue desmantelado el andarivel que bajaba desde el Morro de Mejillones. Una maravilla tecnológica que funcionaba sin necesidad de combustible. Se basaba en un sistema de contrapeso mediante el cual los carros que bajaban cargados hacían funcionar el sistema. Fue desarmado y vendido por chatarra.

 

De la misma forma durante la década del 60 se inició la depredación del mar por parte de las pesqueras y luego la contaminación, esta vez con la acción de las termoelécticas. Durante los 70 el sistema de fabricación de harina de pescado era tan primitivo que salía vapor por todo el sistema. Como consecuencia una pestilente nube cubría Mejillones e impregnaba la ropa que se tendía.... y nadie decía nada. Obvio... la gran mayoría del pueblo dependía de las pesqueras. 

Mientas tantos el FCAB, adquirido por capitales chilenos, desarmaba urgentemente todo lo que pudiera generar el interés del pueblo por ese sector. Así caían sin previo aviso el cine Alianza y las calles C y D. Escuela 21 incluida, sin el más mínimo respeto por la memoria ferroviaria. De hecho en la demolición participaron mayoritariamente ex-alumnos de esa Escuela. Es necesario dejar establecidos que tales recintos y viviendas se hallaban en buenas condiciones y que la empresa no tenía ninguna necesidad operativa para tan urgente demolición. Aún no se construye nada industrial en tales sectores. Y nadie dijo nada.

LAS CALLES PIERDEN SU NOMBRE 

En el plano urbano se producía otra violenta intervención anulando la identidad mejillonina. El Gobierno Militar, merced a un alcalde impuesto por ellos, le cambiaba el nombre a las calles borrando los orginales y rebautizándolos con los de soldados. Así la histórica y fundacional Licura pasó a llamarse Latorre; Rengo se llamó San Martín. Las calles J, K y L de Casa de Máquinas también se denominaron con nombres militares. Hasta al Liceo de Mejillones, una iniciativa terriblemente civil, fue bautizado como “Juan José Latorre”. Lamento parecer reiterativo, pero nadie dijo nada. 

De esta manera todo lo que puede constituir identidad o patrimonio en este pueblo ha sido eliminado. Siempre ha existido un interés poderoso detrás. El más frecuente es el dinero, que depredó la fauna marina y contaminó nuestra bahía, como también los más insólito, incluido el exacerbado nacionalismo que nos cambió el nombre de las calles. 

LAS PARADOJAS 

Es por eso que llegamos a una de las más tristes paradojas: Mejillones, el pueblo más histórico no posee ningún monumento nacional. Es por eso que tampoco nos sorprende que en estos momentos haya jóvenes que plantean directamente su desprecio por la identidad mejillonina, su voluntad de no respetar los nombres históricos de las playas y de perserverar en obtener lucro explotando comercial e irregularmente zonas históricas. No comprender que tales lugares –si bien deben sen explotados turísticamente- hay que ajustarse a regulaciones mínimas que eviten que tales zonas sean focos de tomas y basurales.  

Aquí hay un tema que es crítico en la comunidad mejillonina. Quien se arroga la representatividad de los jóvenes emprendedores de Mejillones es una persona que que odia los monumentos nacionales, que no está dispuesto a respetar nombres como Punta Cuartel o Caleta Ño Robles y cuya propuesta empresarial es no pedir permiso ni responder  a ningún organismo. Sencillamente que Punta Cuartel –a la que no está dispuesto a llamar Punta Cuartel- quede a su libre albedrío para desarrollar su actividad lucrativa sin compromiso social alguno. 

¿Es esa la postura de todos los jóvenes emprendedores turísticos mejilloninos? ¿ninguno de ellos quiere que Mejillones tenga monumentos nacionales? ¿ninguno está dispuesto a respetar los nombres antiguos? ¿ninguno está dispuesto a regularizar su actividad ajustándose a un plan un poquito más elevado? 

Porque aquí de nuevos nos topamos con aquella vieja característica mejillonina: nadie dice nada. 

HISTORIA 

Bien. Lo que el Consejo Patrimonial de Mejillones pretende hacer es otorgar un sello a Mejillones. Lograr que todos tengamos un discurso coherente. Nosotros queremos que los jóvenes emprendedores turísticos de Punta Cuartel sigan trabajado. Lo que les estamos pidiendo es 1.- que respeten los nombres históricos de las playas y 2.- que manifiesten su voluntad de integrarse a un plan y a un discurso más grande. Ese discurso dice que “Mejillones es la cuna del Chile moderno”. Bajo ese discurso pretendemos desarrollar el turismo patrimonial, que debiera ser una herramienta mucho más potente que cualquier otro proyecto que se haya trazado.  

Para eso les entregamos las bases históricas de nuestro planteamiento. 

1.- LA GUERRA DEL PACÍFICO INTEGRÓ A CHILE SU ETERNA FUENTE DE SUSTENTO: EL DESIERTO DE ATACAMA: La historia de Chile se divide en dos etapas: la primera, antes de la Guerra del Pacífico, en que Chile llegaba hasta Punta Jara, sur de Antofagasta; la segunda, nuestro país llega hasta Arica y el Desierto de Atacama es chileno. En el Desierto de Atacama se explotaría el salitre y el cobre, que han sido los puntales de la economía hasta hoy, en el caso del metal rojo. 

2.- EL DESCUBRIMIENTO DEL GUANO HIZO QUE CHILE Y BOLIVIA FIJARAN SUS OJOS EN LA COSTA DEL DESIERTO DE ATACAMA: Fue este producto y no otro el que generó la atención internacional sobre esta difusa frontera. El guano fue un fertilizantes altamente cotizado en una Europa afectada por la hambruna debido al agotamiento de sus tierras agrícolas.  

3.- LA “LEY DEL GUANO” HIZO QUE MEJILLONES FUERA LA PRIMERA FRONTERA NORTE DE CHILE DEBIDAMENTE DELIMITADA:  El descubrimiento de guano blanco por parte de Domingo Latrille hizo que el Presidente Manuel Bulnes dictara una Ley que establecía que los guanos ubicados en la costa de Atacama eran chilenos, fijando tácitamente la frontera en el paralelo 23, a la altura de Mejillones. 

4.- CHILE ESTABLECE SOBERANÍA SOBRE EL DESIERTO DE ATACAMA IZANDO LA BANDERA EN PUNTA CUARTEL: La “Ley del Guano” generó acciones militares durante el año 1846 que se desarrollaron en Punta Cuartel. Allí la goleta de guerra “Janequeo” enarboló la bandera chilena y luego la fragata “Chile” construyó el cuartel, que daría el nombre al lugar. 

5.- JUAN LOPEZ DESCUBRE GUANO EN EL MORRO DE MEJILLONES Y SE FUNDA EL PUEBLO: Un quinto hito es el descubrimiento del guano rojo en el Morro de Mejillones, lo que gatilla la fundación del pueblo. Su centro de actividad fue una caleta ubicada al sur de Playa Blanca, que los antiguos denominaban Caleta Ño Robles o simplemente Caleta Robles. 

En base a esa historia, el descubrimiento de guano blanco hizo que Bulnes definiera a Mejillones como frontera el año 1942. La oposición boliviana hizo que Chile construyera un cuartel en 1846 y el descubrimiento de guano rojo, en 1862, hizo que se fundara Mejillones. En definitiva toda esa historia de Mejillones y el guano habría de llevar a la Guerra del Pacífico, que fue desatada por el salitre, pero en realidad esa industria recién estaba en pañales. 

Bajo es premisa el Consejo Patrimonial ha solicitado la declaración como monumento nacional de la Guaneras de Mejillones. Se trata de un polígono que incluye cuatro puntos fundamentales: 1.- La Caleta. 2.- Las ex-instalaciones de Fertilizantes en el Morro de Mejillones. 3.- Punta Cuartel y 4.- Caleta Ño Robles. La intención es generar un turismo integral en que todos los mejilloninos tengamos un mismo discurso y en el cual tengan lugar todos quienes ahora realizan esa función. Hemos generado canales de participación, pero en general no ha existido respuesta. 

LA POTENTE VOZ DE LAS GUANERAS

 Ahora, para contestarnos la pregunta sobre la mejilloneidad, nosotros asuminos que “fuimos zona guanera” como lo dijo el magistral artista mejillonino Hugo León. Que esa historia guanera nos ha dado lugares hermosos cuyos nombres debemos preservar, como “Punta Cuartel” y “Caleta Ño Robles”. Que esa historia guanera aún no sale a luz, pero cada día aparece como más potente. Prueba de ellos son el éxito del libro “El Barón de la Riviere” de Patricio Espejo; la fantástica exposición “Fuimos zona guanera” del mencionado escultor Hugo León y la solicitud de declaración como monumento nacional de Caleta Robles por parte del Instituto de Arqueología Náutica y Subacuática, IANS, de Santiago. 

LIDERAZGO ¿POSITIVO? 

La indiferencia parece ser un activo elemento de la “mejilloneidad”. Sin embargo el rol que ha desarrollado el Concejo Municipal de Mejillones en este tema ha sido abiertamente negligente. En primer lugar, es impresentable que los concejales de Mejillones no estén de acuerdo en que las Guaneras de Mejillones sean declaradas como monumento nacional. Si no son las Guaneras, ¿que esperan entonces? ¿algo insignificante que no le moleste a nadie?  

En segundo lugar, es increíble que se opongan a algo que está dentro de lo que constituye su función, como defender el patrimonio histórico comunal para amparar tomas ilegales y actividades fuera del marco tributario. ¿Cómo explican eso a Contraloría? 

Tercera cosa. Que lamentable que un tema de ordenamiento territorial y de impulsar actividades de orden económico finalmente deba ser abordados por humildes entidades sociales. Que lamentable que quienes son los responsables de proyectar la comuna y poseen todo el financiamiento para hacerlo se queden escondiendo la cabeza esperando que nosotros lo hagamos. 

Por último no puede dejar de impresionarme la forma en que los mejilloninos se unen para atacar cualquier intento de defender nuestro patrimonio, no importa cuán alejadas sean sus posturas. Esa sensación me quedó cuando el concejal Biaggini y la concejala Luz Vargas –Armando Aillapán incluido-  se hermanaron para no autorizar una carta de apoyo a la solicitud del Consejo, dejando en una solitaria lucha a Guillermo Ferreira, el único que apoyó tal pronunciamiento. 

Le he dado hartas vueltas al asunto. Hartas. No quiero pensar que la mejilloneidad consiste en “depredar sin respetar nada y... guardar silencio. Siempre guardar silencio”.  

Creo que la mejilloneidad es saber que somos importantes. Que fuimos vitales para la historia de Chile. Que tenemos hermosos parajes como “Punta Cuartel” y “Caleta Ño Robles”. Que teníamos una calle llamada Licura y una calle Rengo... y que las calles en esta ciudad eran letras... y que en el cine “Alianza” se le llamaba “cojo” al operador del cine y que los carritos bajaban majestuosos por el andarivel... que a la Escuela 21 se entraba por un pasillo de madera y que yo vivía en una covadera.

 

 

reportajes

(Reportajes que no aparecen en esta columna)

 
 
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